MICAH P. HINSON + TACHENKO + BIG CITY / Sala Oasis
Fotografías: Lara Albuixech / Crónica: Javier Castanera
Volvía un asiduo Micah P. Hinson a nuestros escenarios,y, como cada vez que esto sucede, ganeró bastante expectación. La sala Oasis presentaba una buena entrada y se palpaban las ganas que había de ver al norteamericano al que, al igual que a otros paisanos suyos con el alma torturada (Lanegan,Bill Callahan,Will Johnson…), le debe encantar lo bien que se le recibe por estos lares.
Micah apareció en el escenario con su habitual aspecto entre nerd y geniecillo despistado, flanqueado por los Tachenko y, sentada a los teclados, su flamante esposa Ashley Bryn. La chica no aporta mucho musicalmente,pero en lo emocional es la gran culpable de que en los nuevos temas de su pareja asome tímidamente un rayo de luz. Este le dedicó una encendida loa amorosa en el bis,algo que hace habitualmente; también le pidió en matrimonio en directo,al final de un concierto (vaya,este tipo sabe bien lo que es un striptease emocional). La duda: ¿qué guardará esta muchacha en su bolso plateado,del que no se separa cada vez que sale a actuar?
Tras la introducción con las cuerdas grabadas de A call to arms, arrancaron con Sweetness, igual que empieza el disco que vino a
presentarnos, Micah P.Hinson and the pioneer saboteurs. Ese brillo tenue que destilan algunas de sus nuevas canciones se intensifica con la exultante aportación de nuestros Tachenko. Como ya hicieron en la gira previa vinculada a las versiones del disco anterior,no se limitan a ser una banda de acompañamiento, sino que con muy poco tiempo de ensayos, consiguen apropiarse de las notas y aportan ese pulido que tan bien les sienta a estas canciones. La primera parte del concierto fue vibrante, alternando distorsión y contención a partes iguales, supliendo con efectividad los arreglos de cuerda del disco.
La segunda parte la afrontó un comunicativo Micah en solitario, y aquí ya entran en juego los gustos personales; con un tono de voz cada vez más grave,con cierto desaliño en la guitarra, a mi me parece mejor compositor que intérprete,lo que lastró el desarrollo de la actuación. Eso sí,recalcar el silencio sepulcral con el que el público siguió esta parte acústica, algo difícil de ver en esta ciudad y en esta sala,muestra del respeto que impone su presencia.
Para el bis volvió la banda,y entre largos speeches y un amago de reprimenda por parte del jefe, terminaron con una radiante,eléctrica, She´s building castles in her heart. Un final de lujo. Ahora, a esperar esa gira prevista reinterpretando el Trompe le monde de los Pixies. Promete.
Los teloneros, Big City,cumplieron con lo de ellos se espera: ejecutar con brío y precisión sus temas repletos de detalles,cada vez menos deudores de esos 60 con los que,por pereza,se les suele asimilar.Son una apuesta fiable y actual.Otra duda:por qué, pese al elogio unánime con el que se ha acogido su Celebrate it all,tienen menos visibilidad en los medios que otras grupos nacionales que se limitan a calcar,copiar y recalcar.
