Fito y Fitipaldis llenan hasta la bandera el Príncipe Felipe de Zaragoza

Fito y Fitipaldis llenan hasta la bandera el Príncipe Felipe de Zaragoza

Texto: Pedro Martín para Tgusta

Gracias, Doctor Fito.
Con puntualidad de Lavapiés, Lichis y sus secuaces, La Cabra Mecánica, asaltaron el escenario del Pabellón Príncipe Felipe, dejando caer sus canciones sin muchos remilgos, que es lo que tiene ser telonero, poco ratito y mucho que contar. Una pena, la verdad, porque Lichis gana mucho en las distancias cortas, y un escenario tan grande, sin poder interactuar con el público, es un auténtico reto. Una selección de temas muy acertada, un greatest hits cabrío en el que hubo sitio para los temas nuevos de Carne de Canción, su último trabajo recopilatorio, y para clásicos populares como  La lista de la compra o laFábula del Hombre Lobo y la Mujer Pantera, del que se cayeron algunas joyas como esa romántica historia de desamor titulada Que te Follen. La Cabra Mecánica se nos despidió  con cuernos en alto, como el general Custer con las botas puestas, en espera de lo que nos deparará el futuro con ese nuevo proyecto llamado Miguelito…

Y por fín, con el pabellón lleno hasta la bandera, hizo aparición ese pequeño gran hombre, Fito, y sus Fitipaldis. Para mi sorpresa, estos tipos llevan un montaje audiovisual cargadito de esas pantallas de bombillitas tan de moda, watios de luz a porrillo y animaciones powerpop para acompañar las canciones. Vaya, que no tienen nada que envidiar a Amaral, todo sea dicho. Empieza el concierto con unos dibujillos animados con la banda como personajes, y Fito intentando llegar a tiempo al concierto, engranando con su aparición sobre el escenario, para comenzar con Antes de que cuente diez, el tema que da nombre a toda la gira. Un primer bloque para calentar al personal que engancha con Un Buen Castigo, Por la boca vive el pez, Viene y va, y unas cuantas más que enseguida dejan prever lo que nos vamos a encontrar a lo largo de todo el concierto. Servidor empieza a tener una teoría, según la cual Fito compondría sus letras juntando versos de las galletitas de la suerte de los restaurantes chinos. Eso explicaría porque cada dos versos las canciones dicen cosas distintas, o directamente absurdas, pero que riman de la leche y hacen que los chavales piensen que aquello es poco menos que Quevedo calvo y con patillas. Al menos, en este país de Físicas y Químicas y Cristianos Ronaldos, Fito es lo más parecido a rock and roll que van a escuchar, lo cual es una labor social que debemos agradecerle.

Las canciones más lentitas, esas que hicieron levantar mecheros, abrazar a la pareja y darle besitos, tardaron en aparecer, pero lo hicieron con precisión alemana. El listado de temas está muy bien elegido y ordenado, y el ritmo del concierto, a pesar de tener sus altibajos, se mantiene en un constante en el que las canciones más movidas se equilibran con las más pastelosas, las soberbias intervenciones guitarreras de Carlos Raya con las de Fito, y todo aderezado con el saxo que decora muchos de los cortes del último trabajo…

Enganchando una instrumental del último disco, rollito country con sabor a bourbon enlazaron con el Quiero beber hasta perder el control de Los Secretos, para después invitar al escenario a Lichis, con el que bordaron una bonita puesta en escena de Barra Americana, dando paso, valga la redundancia, a la parte más americana del concierto. Arranque blues para Que me arrastre el viento, seguido de Whisky barato, dando paso aDeltoya, con el patio entregado a cantar y cantar. En este punto del concierto, en un pequeño reposo, uno se da cuenta del problema de tabaquismo que tiene este hombre, y te preguntas donde puede albergar tanta nicotina.  El subidón del público continuó conTarde o temprano y La casa por el tejado, llegando a la catarsis colectiva y moñas deSoldadito marinero, con todo el personal abrazándose cual himno fitipaldero. El tramo final se completó con temas como Abrazado a la tristeza, con Fito y Raya sentados en acústico, y Corazón oxidado con un final digno de Sabina, para dirigirnos al final cerrando la velada con el mítico y poliradiado en todas las emisoras Acabo de Llegar.

De pequeño tenía miedo a los payasos…hasta que hace pocos años logré sobreponerme, ir a un circo, y ver que no era para tanto. Con Fito y Fitipaldis me pasaba algo parecido. Tanta inundación en las radios y en los bares habían provocado en mí un repelús casi patológico. Ayer fue mi terapia de shock, y creo que más o menos salí rehabilitado anoche…Gracias, doctor Fito.


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