La Casa del Loco celebra su 12 aniversario el sábado 24 de octubre con un gran concierto. The Handsome Family + John Doe with The Sadies llegan desde norteamérica con su country americana para sonorizar el cumpleaños de la mítica sala zaragozana que lleva 12 años programando música en directo ininterrumpidamente.
12 AÑOS DE MUSICA EN DIRECTO EN LA CASA DEL LOCO
A finales del siglo pasado, justo en noviembre de 1997, Angel Petisme y La habitación Roja inauguraron una sala de conciertos con la intención de que siguiera viva muchos años… El tiempo ha demostrado que fue un buen bautizo, pues 12 años después, La Casa del Loco es la única sala de Zaragoza que sigue programando música en directo durante todo el año.
Un año más, La Casa del Loco y Antípodas Producciones van a celebrar como merece el 12 cumpleaños del que se ha convertido en un lugar de referencia para todos los grupos nacionales e internacionales y por supuesto, locales, que quieren tocar en un espacio impregnado de sonido y de solera.
Parece que una docena de años pasan rápido y que no son demasiados, pero, en los tiempos que corren, cuando numerosas salas han abierto y cerrado por diversos motivos, cuando es difícil que los números cuadren, cuando se apuesta a veces, por grupos desconocidos para la inmensa mayoría, aguantar 12 años abriendo la persiana tiene mucho mérito.
Gracias a la pasión por la música y al trabajo hecho con paso corto y firme, hoy podemos celebrar este aniversario y sentirnos muy contentos y orgullosos de ello.
Por eso, el próximo 24 de octubre La Casa del Loco recibirá a 2 grupos norteamericanos catalogados como máximos exponentes del country alternativo.
The Handsome family y John Doe with The Sadies inaugurarán con un gran concierto el año 13 de LA CASA DEL LOCO.
THE HANDSOME FAMILY
“Honey Moon”
Fue Greil Marcus, uno de los tres críticos musicales vivos más prestigiosos, quien dijo sobre The Handsome Family: “Lo que escriben sobre el surrealismo de lo cotidiano no tiene parangón en la composición contemporánea. Su música extrae las venas más profundas del fatalismo de los Apalaches”. A lo largo de ocho discos -el primero, en 1995- la pareja formada por Brett y Rennie Sparks, esa rara maravilla, se ha convertido en el equivalente a Johnny Cash y June Carter para la generación que ha visto nacer, crecer y hacerse mayor al country alternativo. Jugando con las imágenes del gótico sureño y las de ese espanto bíblico que tanto atrae a Nick Cave, y metiéndolas en el día a día, que lo pintan para que se parezca al tuyo y al nuestro, han creado decenas de canciones de oscuro romanticismo que les han reportado un estatus de clásicos modernos. Su fórmula atrapa porque ha sabido unir extremos como supo hacerlo la de The Velvet Underground. Con perversión, con morbo. Musicalmente, son elementales pero experimentales, tan rabiosamente accesibles en lo etéreo e inquietantes en lo tenebroso. Mientras tanto, sus letras van de la ternura a lo tragicómico. Y de ahí al dolor y la sangre. Las escribe Rennie con un pulso muy firme para el detalle descriptivo.
O mejor dicho: así han sido esas letras y así las ha escrito. Pues por primera vez en su trayectoria, “Honey Moon” no explica ninguna historia en la que alguien sea condenado, muera o lo asesinen. No hay fantasmas ni lagos encantados. Este disco se publica para celebrar el vigésimo aniversario de su matrimonio ** y lo forman doce canciones de amor -en clave positiva; solo un tema trata la pérdida del mismo-. Sus autores han buceado en el pozo del romanticismo del siglo XIX para sacar cubos de inspiración. Recibieron el flechazo escuchando a The Platters cantar “Twilight Time” mientras viajaban por Nueva Zelanda. La pareja, fan de esa formación, como también de The Ink Spots y Mills Brothers, decidió entonces que darían forma a un álbum sobre la trascendencia, ese toque divino, que surge a partir del amor a alguien. Más referentes: Cole Porter, Irving Berlin; esos compositores históricos que trataban el tema del corazón con misterio sublime. Una vez decidido el tono conceptual, el turno de la música. Cada canción tendría un tratamiento distintivo, una identidad propia, para contrarrestar la unidad de fondo. Igual que hay bluegrass sonámbulo en “When You Whispered”, los teclados y carillón de “Love Is Like” suenan a Animal Collective… Y hay también Tin Pan Alley, jazz, country. Y, sobre todo, un grupo flexionando como nunca sus músculos compositivos.
** La luna de miel la celebraron en las cataratas del Niágara.
John Doe & The Sadies
“Country Club”
En la canción “Back In Your Arms”, Bruce Springsteen dice sobre las promesas hechas por la noche: “Eso es todo lo que son”. Es lo que suele ocurrir. Pero, como en todo, hay excepciones. Una tuvo lugar en Toronto en el año 2000, cuando John Doe comentó a The Sadies que quería grabar con ellos un disco de country en el futuro. Era de noche y acababan de compartir cartel. La situación presagiaba olvido. Pero no: ese disco ya está aquí, es una excelente lección de historia y admiración por el género y se titula “Country Club”.
Vayamos con las presentaciones: John Doe es un nombre legendario para cualquiera que ande interesado en el punk estadounidense. En 1977 fundó X, banda emblemática entre las pioneras del género en la Costa Oeste. Más tarde, en el proyecto paralelo de aquella historia, The Knitters, Doe desarrolló a mediados de los 80 la cara más roots de X, que la tenía y bien marcada, una voluntad que llevó más lejos a partir de 1990, cuando publicó “Meet John Doe” y dio el pistoletazo de salida a su carrera en solitario. Desde entonces su voz, con el tacto del cuero, de esas que no van de farol y que con su profundidad nasal convierte las frases en sentencias, ha transitado a lo largo de ocho álbumes una senda de rock de raíz y autor donde conviven borracheras solitarias, moteles de carretera y barba de cuatro días, saltándose clichés estrictos y con una visión y estética que se dirían pensadas para bandas sonoras de John Sayles. Por su parte, los canadienses The Sadies, desde que en 1998 desembarcaron en las filas insurgentes del sello de Chicago Bloodshot, aplican un tratamiento de montaña mística a un híbrido de garage, psicodelia, surf, bluegrass y rockabilly. Rock de bota y corbata finas. Rock flexible, que acompaña a cualquiera y lo hace con nota: han tocado con y para Neko Case, Jon Spencer, Jon Langford, Andre Williams… Y ahora, John Doe.
Él ha puesto en “Country Club” el fortín de su voz, que combina la lija punk de Mike Ness (Social Distortion) con el temple ‘crooner’ de César Rosas (Los Lobos). Ellos, arreglos vitalistas con clase de salón. Todo, al servicio de quince temas. Tres los firman The Sadies (dos son instrumentales, con la marca de su casa) y uno, Doe y su ex y compañera de viaje de los días de X Exenka Cervenka. El resto son piezas que escribieron y/o popularizaron mitos del country: Waylon Jennings, Roger Miller, Hank Snow, Bobby Bare, Tammy Wynette…Musicalmente, han deslizado el satén countrypolitan del Nashville de final de los 50 sobre el sonido Bakersfield, de músculo y Stratocaster, que popularizó Buck Owens en los 60. Lo han hecho tan bien que desprenden una sublime melancolía. Entre los colaboradores, personal que ha tocado con Wilco, Son Volt y Alejandro Escovedo. Hay reverencia sin nostalgia, como esa “I Still Miss Someone” de Johnny Cash que podría pasar por la versión country de “Girlfriend In A Coma” de The Smiths. Hay audacia con respeto. Bravo.
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